El rover Perseverance encontró en Marte un archivo geológico especialmente antiguo: una secuencia de rocas de unos 75 metros de espesor en el borde del cráter Jezero que parece haberse formado a fuerza de impactos repetidos de asteroides hace más de 3.900 millones de años. Para los científicos, eso convierte a esa ladera en una de las ventanas más directas al período más violento del sistema solar temprano que haya podido estudiar un rover sobre el terreno.
La región analizada, bautizada Broom Point por el equipo de la misión, no se parece a una simple acumulación de escombros. Perseverance detectó allí varias capas con tipos de roca distintos que se repiten una y otra vez: brechas con fragmentos angulosos, capas de polvo rocoso muy fino y esferas vítreas diminutas que alguna vez estuvieron fundidas. Esa combinación llevó al equipo a proponer que el lugar conserva restos de eyecciones producidas por impactos sucesivos, más que por vulcanismo común.
La clave está en cómo aparecen esas señales juntas. Algunas gotas de vidrio podrían formarse también en erupciones, pero en Broom Point aparecen en abundancia y mezcladas con materiales que encajan mejor con choques de alta energía. Según la interpretación presentada por los autores, distintos impactos, cercanos y lejanos, fueron arrojando material sobre la zona en varias etapas, como si el terreno hubiera ido guardando capas de cada episodio.
Ese registro importa porque Marte conserva una parte de su historia temprana que la Tierra perdió. Nuestro planeta recicla su corteza por la tectónica de placas, borra terrenos muy antiguos y deforma sus rocas con facilidad. Marte, en cambio, preserva mejor ese pasado remoto. Por eso leer estas capas marcianas puede ayudar no solo a reconstruir qué le pasó al planeta rojo, sino también a imaginar cómo era el bombardeo que recibía la Tierra cuando todavía estaba dando sus primeros pasos.
El trabajo también sugiere que la historia del paisaje no se explica con un solo golpe. Los investigadores plantean un escenario de dos grandes etapas. Primero, un impacto colosal habría contribuido a formar la cuenca de Isidis, de unos 1.900 kilómetros de ancho, inclinando capas que antes eran horizontales. Después, otro impacto habría excavado el cráter Jezero, de unos 45 kilómetros de diámetro, fracturando y levantando esas rocas hasta dejarlas expuestas como las observa hoy Perseverance.
Además de describir un terreno muy antiguo, el hallazgo deja una promesa concreta para el futuro. El rover ya recogió dos muestras de esa unidad rocosa. Si alguna misión logra traerlas a la Tierra, los laboratorios podrían fechar con más precisión cuándo ocurrieron esos impactos y con qué frecuencia golpeaban a Marte en esa época. Sería una forma de ponerle calendario a un capítulo del sistema solar que hasta ahora se reconstruye sobre todo por inferencias.
Como ocurre con buena parte de la geología planetaria, todavía quedan dudas abiertas. Los autores reconocen que algunos rasgos de las capas podrían recordar procesos volcánicos o flujos de material impulsados por vapor, y que la confirmación más fuerte dependerá del análisis detallado de las muestras. Aún así, el panorama general ya es potente: en el borde de Jezero, Perseverance no solo está mirando piedras viejas. Está leyendo un registro raro de cómo los mundos rocosos soportaron una época en la que casi todo el cielo era una amenaza.
NASA’s Perseverance Rover Reads Record of Ancient Mars Impacts · NASA
NASA · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Jones, A. J., Gupta, S., Barnes, R., Gwizd, S., Stack, K. M., Horgan, B., Alwmark, S., Klidaras, A., Ravanis, E., Fagents, S., Paar, G., Bell, J. F., III, Maki, J. N., Deahn, M., Bedford, C., Mangold, N., Bramble, M., Simon, J. I., Mayhew, L., ... Farley, K. A. (2026). Stratigraphy Preserved on the Jezero Crater Rim Reveals Repeated Impacts on Early Mars. Journal of Geophysical Research: Planets, 131(7), e2026JE009779. https://doi.org/10.1029/2026JE009779
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