El hielo marino del Ártico cerró el verano de 2026 entre los diez mínimos más bajos

La extensión mínima del hielo marino ártico fue de 4,60 millones de km². El dato quedó entre los diez más bajos de casi 48 años de observaciones satelitales.

Por Redacción Ciencias.UY 23 de setiembre de 2026 a las 15:45 4 min de lectura
Imagen: NASA Science Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Mapa satelital del Ártico del 12 de septiembre de 2026, con la extensión del hielo marino y el contorno del promedio mínimo de 1981 a 2010.

Al final del verano boreal de 2026, la superficie del océano Ártico cubierta por hielo marino llegó a 4,60 millones de kilómetros cuadrados. NASA y el National Snow and Ice Data Center (NSIDC) sitúan ese mínimo el 12 de septiembre y lo consideran un empate con 2008, 2010 y 2025 en el décimo puesto más bajo del registro satelital.

La cifra describe la extensión del hielo: el área del océano en la que los satélites detectan una cobertura de hielo suficiente. No equivale al grosor del hielo ni a su volumen total, pero permite comparar, día a día y año a año, cómo cambia la superficie helada. Las mediciones continuas comenzaron a fines de 1978, por lo que la serie abarca casi 48 años.

El valor de este año queda 1,62 millones de kilómetros cuadrados por debajo del promedio de los mínimos de septiembre entre 1981 y 2010. También encaja en una pauta más amplia: los 20 mínimos anuales más bajos de toda la serie se registraron entre 2007 y 2026. El récord sigue siendo el de 2012, cuando la extensión mínima fue de 3,39 millones de kilómetros cuadrados.

El hielo marino crece durante el otoño y el invierno árticos, cuando hay poca luz y temperaturas muy bajas. En primavera y verano retrocede; por eso septiembre suele concentrar el mínimo anual. Esa oscilación estacional explica por qué la comparación relevante no es con la extensión de un mes cualquiera, sino con otros mínimos de final de verano.

Para estimarlo, los equipos analizan mediciones de microondas tomadas desde satélites. Esta técnica permite observar la superficie incluso con nubes o sin luz solar, condiciones frecuentes en el Ártico. El NSIDC calcula el mínimo a partir de un promedio de cinco días, una forma de reducir el peso de fluctuaciones muy breves en las mediciones.

La comparación histórica no significa que todos los años se comporten igual. Los vientos, las temperaturas y las tormentas pueden abrir, compactar o desplazar el hielo, y alterar cuánto se derrite durante un verano. De hecho, el centro advierte que una tormenta tardía todavía podría modificar levemente la extensión antes de cerrar el análisis de la temporada. Por esa razón, una temporada aislada no alcanza para atribuir una causa concreta ni para medir por sí sola la evolución del clima.

En el conjunto del registro, el mínimo de septiembre muestra una tendencia descendente de 11,8% por década respecto del promedio de 1981 a 2010. Sin embargo, los mínimos de septiembre no registraron un descenso estadísticamente significativo en las dos últimas décadas, un aplanamiento cuya causa sigue en discusión. Que exista esa variabilidad reciente no cambia otro dato de la serie: desde 2007, todos los mínimos anuales han sido menores que cualquiera de los observados entre 1979 y 2006.

Seguir estas mediciones ayuda a distinguir dos escalas que a menudo se confunden. El tiempo meteorológico explica buena parte de las diferencias entre veranos; la serie larga permite ver dónde se ubica cada temporada dentro de los cambios persistentes del Ártico. El mínimo de 2026 no es el más bajo, pero vuelve a situarse en un tramo del registro dominado por extensiones mucho menores que las de las primeras décadas de observación satelital.

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