Cambios en la circulación atmosférica explican buena parte de la sequía estival en Europa

Un estudio atribuye alrededor de 55% de la caída de humedad del suelo en los veranos europeos desde 1980 a cambios en los patrones atmosféricos, además del calentamiento de fondo.

Por Redacción Ciencias.UY 22 de julio de 2026 a las 19:45 5 min de lectura
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Los veranos europeos no solo se están volviendo más cálidos. También se están secando, y un nuevo estudio sugiere que una parte importante de esa tendencia no se explica únicamente por el aumento general de la temperatura del planeta, sino por cambios persistentes en la forma en que se organiza la atmósfera sobre el continente. Según el trabajo, esos cambios en la circulación atmosférica explicarían alrededor de 55% de la disminución observada en la humedad del suelo durante el verano en la Europa de latitudes medias desde 1980.

La idea importa porque las sequías no dependen de una sola causa. El calentamiento global aumenta la evaporación, seca más rápido los suelos y puede volver más intensa una falta de lluvia. Pero además están los patrones del tiempo a gran escala: dónde se instalan las altas presiones, cuánto duran y con qué frecuencia bloquean el paso de tormentas o aire más húmedo. El nuevo trabajo intenta separar esas dos piezas para entender cuánto pesa cada una en el secamiento reciente de Europa.

Para hacerlo, los investigadores usaron simulaciones climáticas diseñadas para aislar el efecto de la circulación atmosférica. En términos simples, alimentaron los modelos con la evolución real de esos patrones de circulación y observaron cuánto del cambio hidrológico podía reproducirse a partir de ahí. Ese enfoque les permitió estimar qué parte de la tendencia se relaciona con la reorganización del tiempo atmosférico y cuál responde más bien al trasfondo térmico de un planeta que se calienta.

El resultado central es que la circulación no es un detalle secundario. El estudio atribuye a ese factor no solo cerca de 55% del descenso de humedad del suelo en verano, sino también alrededor de 42% del aumento en el déficit de presión de vapor, una medida que refleja cuán “sedienta” está la atmósfera de agua. Cuando ese déficit crece, el aire tiende a extraer más humedad de plantas y suelos, lo que agrava las condiciones secas.

Los autores vinculan este cambio a una mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas, es decir, sistemas de alta presión más cálidos y secos que favorecen cielos despejados, menos precipitaciones y más tiempo estable. Ese combo puede parecer benigno a corto plazo, pero sostenido durante semanas o meses deja al suelo con menos agua disponible, aumenta el estrés sobre cultivos y ecosistemas y facilita que las olas de calor golpeen con más fuerza.

La relevancia del estudio está en que ayuda a explicar por qué Europa puede secarse tan rápido incluso en un contexto donde no todos los años son iguales ni toda la región se comporta del mismo modo. Si el problema fuera solo una atmósfera más caliente, la historia sería más lineal. Pero al aparecer también un cambio robusto en la circulación, la señal se vuelve más compleja y más difícil de proyectar hacia el futuro.

Esa es, de hecho, una de las principales advertencias del trabajo. Los autores señalan que todavía hay mucha incertidumbre sobre cómo evolucionarán estos patrones atmosféricos en las próximas décadas. Si parte de la tendencia histórica estuvo impulsada por forzamientos externos del sistema climático, el secamiento asociado a la circulación podría continuar. Si en cambio pesó más la variabilidad interna del clima, en teoría podría aparecer en el futuro una configuración que amortigüe parte del efecto del calentamiento de fondo.

Eso no reduce la gravedad del problema actual. Más bien muestra que las sequías europeas son el resultado de varios mecanismos superpuestos y que entenderlos mejor es clave para anticipar riesgos. Para la gestión del agua, la agricultura, los bosques y la salud pública, no es lo mismo enfrentar un continente que se seca solo porque hace más calor que otro donde, además, las condiciones meteorológicas favorables a la lluvia se vuelven menos frecuentes.

El estudio tampoco implica que cada episodio de sequía reciente en Europa pueda explicarse con la misma proporción o por la misma combinación de causas. Las sequías concretas siguen dependiendo de la región, de la estación y de la variabilidad anual. Pero sí refuerza una idea importante: detrás del secamiento estival europeo no hay solo un termómetro subiendo, sino también un cambio en la maquinaria atmosférica que reparte la lluvia y el calor sobre el continente.

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Cita original

Dunkl, I., Bastos, A., & Sippel, S. (2026). European summer drying largely driven by atmospheric circulation changes since the 1980s. Nature Geoscience. https://doi.org/10.1038/s41561-026-02050-w

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