Encuentran el primer agujero negro estelar que faltaba en Omega Centauri

Astrónomos identificaron el primer agujero negro estelar confirmado en Omega Centauri, un cúmulo que debería albergar miles de estos objetos y donde hasta ahora no había aparecido ninguno con claridad.

Por Redacción Ciencias.UY 13 de julio de 2026 a las 14:45 5 min de lectura
Imagen: NASA Science Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Imagen del cúmulo globular Omega Centauri con un recuadro que marca la región donde se identificó la estrella compañera del agujero negro.

Omega Centauri es uno de los cúmulos estelares más llamativos de la Vía Láctea y también uno de los más desconcertantes. Reúne unos 10 millones de estrellas en un volumen relativamente compacto y, según los modelos astronómicos, debería contener miles de agujeros negros formados cuando murieron sus estrellas más masivas. Sin embargo, durante décadas ninguno aparecía con claridad. Un nuevo estudio cambió eso: por primera vez, un equipo identificó un agujero negro estelar confirmado dentro de este cúmulo.

El hallazgo, publicado en The Astrophysical Journal Letters, no se hizo viendo al agujero negro directamente, algo imposible porque estos objetos no emiten luz propia. La clave fue seguir con enorme precisión el movimiento de una estrella visible que lo acompaña. Para eso, los investigadores combinaron más de 20 años de observaciones del telescopio espacial Hubble con datos recientes del telescopio James Webb. Ese seguimiento permitió reconstruir la órbita de la estrella y deducir que gira alrededor de un compañero invisible con una masa de 4,46 soles, demasiado grande para ser una estrella de neutrones.

El sistema recibió el nombre oMEGACat BH-2 y tiene otra particularidad notable: la estrella tarda unos 94 años en completar una vuelta. Eso convierte al par en el binario con agujero negro de período más largo conocido hasta ahora. Esa duración no es un detalle menor. Sugiere que la estrella y el agujero negro probablemente no nacieron juntos, sino que se encontraron después dentro del hacinamiento extremo del cúmulo, donde las interacciones gravitatorias entre estrellas y remanentes compactos son constantes.

La detección importa por una razón más amplia que la simple suma de un objeto raro al catálogo. Omega Centauri era un caso incómodo: se sospechaba que escondía una gran población de agujeros negros estelares, pero las búsquedas anteriores, basadas en emisiones de rayos X, radio o velocidades radiales, no habían encontrado señales convincentes. Poder confirmar uno de estos objetos refuerza la idea de que esos agujeros negros efectivamente están allí y ofrece un método nuevo para buscarlos, siguiendo el baile orbital de estrellas compañeras durante años o décadas.

También ayuda a afinar una discusión importante sobre cómo se forman y evolucionan los agujeros negros en ambientes pobres en elementos pesados, como este cúmulo. Los autores señalan que la masa del objeto encontrado es más baja de lo que muchos modelos esperarían para una estrella tan pobre en metales. En otras palabras, el hallazgo no solo resuelve en parte el misterio de los agujeros negros “perdidos” de Omega Centauri: también devuelve preguntas nuevas sobre qué tipos de estrellas pueden producirlos y cómo cambian luego dentro de cúmulos tan densos.

Conviene, de todos modos, mantener el alcance en su justa escala. El estudio no encontró de golpe los miles de agujeros negros que se estiman para el cúmulo, ni demuestra todavía que todos sigan allí. Confirmó uno, aunque uno especialmente valioso porque abre la puerta a detectar otros sistemas parecidos. Si futuras observaciones logran ampliar la muestra, Omega Centauri podría convertirse en un laboratorio excepcional para estudiar cómo nacen, se emparejan y a veces terminan fusionándose estos objetos extremos, un proceso que también está detrás de parte de las ondas gravitacionales que hoy detectan los observatorios terrestres.

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NASA Science · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen

DOI del paper

10.3847/2041-8213/ae7a5c

Cita original

Whitaker, M., Kerr, E., Seth, A., Häberle, M., Strader, J., Anderson, J., Bellini, A., Clontz, C., Freeman, Z., Griggio, M., Kamann, S., Libralato, M., Neumayer, N., González Prieto, E., Rodriguez, C. L., Saracino, S., Smith, P., van de Ven, G., & Wang, Z. (2026). A Long Period Stellar-mass Black Hole Binary in ω Centauri. The Astrophysical Journal Letters, 1006(1), L1. https://doi.org/10.3847/2041-8213/ae7a5c

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