La expansión de las constelaciones satelitales podría empujar al cielo nocturno más allá de un umbral crítico para la astronomía. Un estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO) concluye que, para preservar la capacidad de observar objetos débiles con telescopios modernos, no deberían orbitar la Tierra más de 100.000 satélites lo bastante tenues como para no verse a simple vista desde un sitio oscuro.
La advertencia surge frente a planes mucho más ambiciosos. Según el análisis, las propuestas actuales superan los 1,7 millones de nuevos satélites, a los que se suman proyectos de espejos orbitales capaces de reflejar luz solar durante la noche. El problema no sería solo la cantidad de puntos brillantes cruzando el cielo, sino también el aumento general del brillo de fondo, una forma de contaminación lumínica que vuelve más difícil detectar galaxias lejanas, exoplanetas o incluso asteroides potencialmente peligrosos.
El autor del estudio, el astrónomo Olivier Hainaut, simuló la posición, el movimiento y el brillo de constelaciones ya existentes y de otras todavía propuestas. Con esos modelos calculó cuántas trazas dejarían los satélites sobre imágenes astronómicas y cuánto elevarían el brillo del cielo. En el caso de una mega-constelación de SpaceX, estimó que en una parte importante de cada noche podrían aparecer docenas de marcas sobre imágenes tomadas con el Very Large Telescope de ESO en Chile, con pérdidas de campo de visión de hasta 28% en algunas observaciones.
La situación sería todavía peor con satélites diseñados para reflejar luz de manera deliberada. El estudio menciona proyectos de satélites con grandes superficies espejadas que podrían iluminar zonas terrestres durante la noche. Incluso sin apuntar directamente a un observatorio, una sola de esas plataformas podría arruinar exposiciones sensibles. Si una constelación completa de ese tipo llegara a desplegarse, el cielo sería varias veces más brillante que hoy.
Una parte importante del daño no depende de que el satélite se vea claramente. Los más débiles también dispersan luz y generan una especie de velo que se suma al brillo natural y artificial del cielo. Esa contribución es especialmente problemática para la astronomía porque muchos de sus objetivos son muchísimo más débiles que un satélite iluminado por el Sol. Cuando uno cruza el campo de visión, deja una estela que tapa o contamina la señal de lo que está detrás.
El trabajo propone un criterio práctico: si los satélites se mantienen por debajo de magnitud visual 7, fuera del alcance del ojo humano en cielos muy oscuros, la astronomía todavía podría absorber parte de esas pérdidas como un costo técnico más. Pero si algunos aparatos son más brillantes, el número total tolerable tendría que ser bastante menor.
La discusión no afecta solo a observatorios profesionales. También cambia la experiencia de ver el cielo desde la Tierra y se cruza con debates sobre salud, ecosistemas, reingreso atmosférico y calidad del aire. El estudio se concentra en cuantificar el impacto astronómico, pero deja claro que la órbita baja ya no puede pensarse como un espacio vacío sin consecuencias visibles desde abajo.
El análisis fue aceptado para publicación en Astronomy & Astrophysics, pero eso no significa que el límite propuesto sea una frontera exacta e inamovible. Se trata de una estimación útil para orientar decisiones regulatorias en un escenario que cambia rápido. Aún con ese margen de incertidumbre, el mensaje central es claro: si la cantidad de satélites y su brillo siguen creciendo sin restricciones, observar el universo desde la superficie terrestre será cada vez más difícil.
"Beyond the limit": one million satellites and mirrors in space pose grave threat to the night sky · European Southern Observatory
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Hainaut, O. R. (2026). Large or bright satellite constellations: Effects on observations, including on the background sky brightness. arXiv. https://doi.org/10.48550/arXiv.2604.09427
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