La desinformación también puede fabricar recuerdos compartidos

Un estudio con 100 personas y resonancia funcional mostró que la desinformación no solo distorsiona recuerdos individuales: también puede hacer que varias personas terminen recordando el mismo detalle falso.

Por Redacción Ciencias.UY 06 de julio de 2026 a las 20:45 4 min de lectura
Imagen: journals.plos.org Imagen acompañante del paper original; atribución preservada Fuente de imagen
Visualización de actividad cerebral asociada a recuerdos verdaderos y falsos compartidos después de un experimento sobre desinformación.

Cuando varias personas presencian el mismo hecho, solemos asumir que sus recuerdos independientes ayudan a reconstruir mejor lo ocurrido. Un estudio publicado en PLOS Biology sugiere que esa confianza tiene límites importantes. La desinformación no solo puede distorsionar la memoria de una persona: también puede hacer que varias personas terminen compartiendo el mismo recuerdo falso sobre un detalle del evento.

La investigación se centró en una pregunta especialmente relevante para testimonios, conversaciones posteriores a un hecho y circulación de versiones engañosas en entornos sociales: cómo se forman recuerdos parecidos entre distintos cerebros y qué ocurre cuando, después de ver una escena, aparece información incorrecta. Para estudiarlo, el equipo trabajó con 100 participantes, que vieron una de dos versiones de varios eventos. Las escenas mostraban la misma situación general, pero cambiaban en algunos detalles concretos.

Antes de empezar, aproximadamente la mitad de los participantes fue advertida de que más tarde tendría que hacer un recuerdo libre detallado, mientras que la otra mitad solo esperaba una prueba general de memoria. Mientras observaban los eventos, recordaban por primera vez lo visto, leían información engañosa y finalmente volvían a reconstruir el episodio, su actividad cerebral fue registrada con resonancia magnética funcional. Esa técnica no lee pensamientos, pero permite detectar patrones de activación asociados a tareas mentales específicas.

Uno de los resultados más claros fue que la expectativa de tener que dar un recuerdo detallado hizo que los cerebros de distintas personas procesaran los eventos de una manera más parecida entre sí en regiones vinculadas con la atención visual. En otras palabras, anticipar una prueba exigente pareció alinear mejor la forma en que distintos observadores codificaban los detalles de una misma escena.

La parte más inquietante llegó después. Cuando los participantes leyeron información falsa sobre lo que habían visto, aumentó la probabilidad de que terminaran recordando ese dato erróneo como si fuera auténtico. Pero el estudio fue un paso más allá del simple conteo de errores: mostró que quienes desarrollaban esos recuerdos falsos compartidos también exhibían patrones cerebrales similares entre sí. Esa coincidencia apareció sobre todo en una región llamada corteza prefrontal dorsomedial mientras leían la desinformación.

Los recuerdos correctos compartidos dejaron una huella diferente. Las personas que conservaron detalles verdaderos mostraron patrones parecidos en otras regiones, entre ellas el lóbulo parietal inferior cuando observaban los eventos originales, y zonas frontales y temporales cuando los recordaban más tarde, después de haber estado expuestas a información engañosa. Según los autores, eso sugiere que no existe una sola “red de la memoria compartida”, sino distintos circuitos implicados según el recuerdo sea fiel o distorsionado.

El hallazgo importa porque ayuda a entender mejor por qué los relatos coincidentes no siempre son garantía de exactitud. Si varias personas comentan un hecho entre sí, leen una versión errónea o reciben una pista falsa, podrían terminar alineando sus recuerdos alrededor del mismo error. Eso tiene implicancias obvias para testimonios, rumores y circulación de información dudosa, pero también para situaciones cotidianas en las que recordamos algo junto con otras personas y asumimos que la coincidencia prueba que el recuerdo es sólido.

También ofrece una pista más amplia sobre cómo funciona la memoria humana. Recordar no equivale a reproducir una grabación intacta, sino a reconstruir una experiencia a partir de fragmentos que pueden reforzarse, debilitarse o mezclarse con información posterior. El trabajo sugiere que ese proceso reconstructivo puede sincronizarse socialmente: no solo cambiamos lo que recordamos, sino que a veces varias personas cambian en la misma dirección.

Como ocurre con muchos estudios de neurociencia cognitiva, conviene no exagerar el alcance del resultado. El experimento se hizo en condiciones controladas, con escenas diseñadas para comparar detalles específicos, y no reproduce toda la complejidad emocional y social de un hecho real. Además, que dos patrones cerebrales se parezcan no significa que la ciencia pueda leer recuerdos particulares con precisión individual.

Aún así, la investigación deja una advertencia útil. La memoria compartida puede ayudarnos a reconstruir el pasado, pero también puede volvernos vulnerables a errores colectivos. Si varias personas recuerdan lo mismo, la pregunta importante no es solo cuántas coinciden, sino también qué información recibieron después y cuánto de ese consenso pudo haberse construido sobre una base falsa.

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Cita original

Shao, X., Chen, C., Loftus, E. F., & Zhu, B. (2026). Shared memories of event details in the human brain are altered by misinformation and test expectations. PLOS Biology, 24(7), e3003886. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003886

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