Los corales no dependen solo de las algas que viven en sus tejidos para conseguir oxígeno. Un nuevo estudio mostró que también usan cilios microscópicos, parecidos a pelitos en movimiento, para generar pequeños remolinos de agua que renuevan el oxígeno junto a su superficie. El problema es que cuando el mar se calienta demasiado, ese sistema puede empezar a fallar justo cuando más se necesita.
El trabajo, publicado en Science Advances, se centró en Porites lutea, un coral constructor de arrecifes. Los investigadores combinaron filmaciones de alta velocidad, partículas sensibles al oxígeno, mediciones del flujo de agua y un modelo físico para seguir qué pasa alrededor del coral en la oscuridad, cuando la fotosíntesis de sus algas simbióticas se detiene y el animal depende más del oxígeno disuelto en el agua.
Lo que vieron fue una forma de ventilación activa. Los cilios baten y crean vórtices diminutos que ayudan a mover agua fresca hacia los tejidos. A temperaturas moderadamente altas, cercanas a 35 grados Celsius, esa actividad aumenta: los cilios se mueven más rápido y el transporte de agua se vuelve más intenso. Pero el efecto no resulta necesariamente beneficioso. Según el estudio, esa respuesta también favorece la acumulación de una capa de agua empobrecida en oxígeno sobre la superficie del coral, de modo que los tejidos quedan expuestos a episodios de hipoxia, es decir, de falta de oxígeno.
Cuando la temperatura sube todavía más, el problema se agrava. El modelo y las observaciones indican que la ventilación deja de alcanzar para cubrir la demanda metabólica creciente del coral, mientras se expanden regiones casi sin oxígeno. Por encima de unos 37 grados Celsius, la coordinación de los cilios colapsa, los remolinos se disipan y el intercambio vuelve a depender sobre todo de la difusión, un mecanismo mucho más lento. En esas condiciones, la mortalidad se acelera.
El resultado aporta una pieza nueva para entender por qué el calor puede dañar tan rápido a los arrecifes. El blanqueamiento sigue siendo una parte central de esa historia, pero este estudio sugiere que también hay un límite fisiológico más inmediato: la capacidad del coral para ventilarse a sí mismo. Eso no significa que todos los corales respondan igual ni que el mecanismo explique por sí solo todas las mortandades, porque el trabajo analizó una especie y un escenario experimental agudo. Aún así, propone que el movimiento de los cilios podría funcionar como una señal temprana de cuándo un coral se acerca a un punto crítico en un océano cada vez más cálido y menos oxigenado.
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Pacherres, C. O., Dhillon, M. S., Bilbo, M., Hansen, M., Brumley, D. R., Aranda, M., Ahmerkamp, S., & Kühl, M. (2026). Acute temperature effects on cilia beating increase coral deoxygenation. Science Advances, 12(21). https://doi.org/10.1126/sciadv.aeg0950
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