El cambio climático no solo amenaza con secar ríos, agravar sequías o tensionar embalses. También puede sentirse en la cuenta mensual del agua. Un estudio publicado en Nature Sustainability calculó que, en Santa Cruz, California, el encarecimiento de la infraestructura necesaria para sostener el suministro en un clima más cálido y seco podría duplicar las facturas domésticas hacia mitad de siglo.
La idea central del trabajo es que el impacto económico no surge solo de tener menos agua disponible. Cuando una ciudad enfrenta sequías más frecuentes o condiciones de base más secas, la empresa de agua necesita invertir en obras, equipos y estrategias para seguir abasteciendo a la población. Esas inversiones suelen trasladarse a las tarifas. El problema, señalan los autores, es que ese aumento golpea con más fuerza a los hogares con menos ingresos, que ya destinan una proporción mayor de su presupuesto a cubrir servicios básicos.
Para estimar ese efecto, el equipo armó un modelo a escala urbana que combinó proyecciones climáticas, decisiones de adaptación del sistema hídrico, diseño tarifario y comportamiento de la demanda. En vez de mirar solo cuánto podría cambiar la lluvia o cuánta agua consumirían los hogares, el estudio intentó reconstruir el circuito completo: cómo cambia la disponibilidad, qué obras habría que financiar, cómo se reparten esos costos en la tarifa y qué significa eso para distintos tipos de usuarios. Para eso usó datos de más de 21.000 cuentas residenciales unifamiliares en Santa Cruz y simulaciones climáticas múltiples.
El resultado más llamativo fue que el cambio climático, por sí solo, podría dejar entre 7% y 16% adicional de los hogares de Santa Cruz con facturas consideradas inasequibles. El trabajo no dice que todas las ciudades estadounidenses vayan a vivir exactamente lo mismo, pero sí propone que lugares expuestos a tensiones similares podrían enfrentar un problema mayor del que sugieren las proyecciones basadas solo en tendencias históricas. También recuerda que en Estados Unidos las tarifas de agua ya venían subiendo más rápido que la inflación por el envejecimiento de redes e instalaciones, de modo que el clima se sumaría a una presión previa, no partiría de cero.
Eso vuelve más delicada una discusión que a menudo se presenta como puramente técnica. Adaptar un sistema hídrico al cambio climático puede ser imprescindible para evitar cortes o pérdidas de confiabilidad, pero si esa adaptación se financia sin apoyo adicional también puede empujar a más familias a reducir consumos esenciales o a elegir entre pagar el agua y cubrir otras necesidades. En ese sentido, el trabajo refuerza la idea de que la adaptación climática y la política social no siempre pueden separarse.
Los autores también remarcan que la magnitud del problema depende mucho del contexto local. Santa Cruz no representa a todas las ciudades: tiene una combinación particular de clima, fuentes de agua, estructura tarifaria y perfil socioeconómico. Por eso el estudio no debe leerse como una cifra universal, sino como una demostración de método y como una advertencia concreta. Si otras ciudades quieren anticipar el costo social de adaptarse a un mundo más cálido, probablemente necesiten evaluaciones igual de detalladas, capaces de mirar al mismo tiempo el clima, la ingeniería y el bolsillo de los hogares.
Hotter, drier weather could double water bills in some US cities, study finds · Phys.org
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Skerker, J., Klassert, C., Francois, B., Verma, A., Brown, C., & Fletcher, S. (2026). Urban water affordability crisis exacerbated by climate change. Nature Sustainability. https://doi.org/10.1038/s41893-026-01890-z
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