La Luna suele pensarse como un mundo geológicamente apagado, marcado sobre todo por impactos antiguos y grandes llanuras de lava ya enfriada. Un nuevo estudio propone ahora que su historia volcánica pudo ser más compleja de lo que sugerían los catálogos clásicos: investigadores identificaron dos grandes volcanes en escudo en la cara visible del satélite, una clase de relieve amplia y de pendientes suaves que hasta ahora no estaba confirmada con claridad a esa escala en la Luna.
Los dos edificios, llamados Prinz-Harbinger y Theophilus, tienen unos 80 kilómetros de diámetro. Esa cifra importa porque supera ampliamente el tamaño típico de los domos volcánicos lunares ya conocidos, que en general son mucho más pequeños. Según el trabajo, ambos muestran varias señales compatibles con volcanes en escudo: contornos casi circulares o elípticos, una forma levemente abombada y cráteres en la cima que encajan con antiguas erupciones desde una zona central.
Para llegar a esa conclusión, el equipo combinó mapas topográficos de alta resolución obtenidos por la misión Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA con otros datos orbitales de relieve, imágenes y mediciones gravitatorias. En vez de buscar conos escarpados como los de algunas postales terrestres, los autores analizaron deformaciones muy sutiles del terreno. En el caso de Prinz-Harbinger, además, detectaron una anomalía gravitatoria positiva que interpretan como la señal de una intrusión magmática densa bajo la superficie, situada a varios kilómetros de profundidad.
Esa parte es una de las más interesantes del estudio. Durante años se discutió si la estructura interna de la Luna favorecía o dificultaba la formación de grandes volcanes en escudo. La idea dominante era que su corteza y su evolución tectónica hacían más difícil que el magma se acumulara en reservorios relativamente someros, como sí ocurre en otros mundos rocosos. Si la interpretación de este trabajo es correcta, al menos en algunas regiones la Luna sí pudo transportar magma desde profundidad hasta zonas más superficiales y alimentar erupciones repetidas capaces de construir volcanes anchos y bajos.
El hallazgo no significa que la Luna haya tenido volcanes comparables en tamaño a los gigantes de Marte, pero sí cambia el marco de comparación. Los autores sostienen que estos relieves son mayores que los volcanes en escudo terrestres más grandes medidos por su diámetro emergido, y que representan un extremo nuevo dentro del paisaje volcánico lunar. Eso ayuda a refinar cómo se reconstruye la evolución térmica del satélite y cómo se entiende la relación entre corteza, fracturas por impactos antiguos y circulación del magma.
También ofrece una pista más amplia para la geología planetaria. Saber qué condiciones permitieron estos volcanes ayuda a comparar la Luna con la Tierra, Marte y Venus, donde los volcanes en escudo son rasgos mucho más comunes. En ese sentido, la Luna deja de ser solo un archivo de impactos y aparece también como un laboratorio para estudiar cómo cambia el volcanismo cuando un cuerpo pequeño se enfría, se contrae y conserva cicatrices de colisiones muy antiguas.
Como ocurre con muchos estudios planetarios, las conclusiones dependen de observaciones remotas e inferencias físicas, no de muestras tomadas en el lugar. Todavía hará falta discutir si ambos relieves solo pueden explicarse como volcanes en escudo y hasta qué punto existen otras estructuras parecidas aún no identificadas. Pero incluso con esas cautelas, el trabajo sugiere que bajo la apariencia tranquila de la Luna todavía quedan rastros de una historia interna bastante más agitada.
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Qiao, L., Head, J. W., Qiu, D., Cao, W., Xu, L., Wang, Y., Li, R., Chen, J., Yan, J., & Ling, Z. (2026). Large (~80 km) shield volcanoes on the Moon possibly fed by shallow magma reservoirs. Geophysical Research Letters, 53(15), e2026GL121908. https://doi.org/10.1029/2026GL121908
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