La soledad suele medirse con encuestas y entrevistas, pero también puede dejar rastros en cómo dos cerebros se acompasan mientras comparten una actividad. Un estudio publicado en PLOS Biology siguió durante seis semanas a parejas de personas que dibujaban juntas y halló que la sincronía entre sus señales cerebrales no evolucionó igual cuando se trataba de un vínculo entre generaciones que cuando eran dos jóvenes de edad parecida.
El trabajo reunió a 31 parejas intergeneracionales, formadas por una persona mayor y una joven adulta, y a 30 parejas de la misma generación, integradas por jóvenes adultos. En cada encuentro las duplas respondían preguntas sobre soledad y cercanía social, dibujaban juntas y por separado, y usaban sensores de espectroscopía funcional de infrarrojo cercano, o fNIRS, una técnica que estima cambios de actividad en la corteza mediante luz. La idea no era leer pensamientos, sino observar hasta qué punto la actividad de dos personas se alineaba en el tiempo mientras cooperaban.
Esa alineación, conocida como sincronía neural interpersonal, fue mayor cuando las personas dibujaban juntas que cuando trabajaban por separado, algo esperable si compartir una tarea exige atender al ritmo y a las acciones del otro. Lo novedoso apareció al seguir esa señal a lo largo de las seis sesiones. En las parejas intergeneracionales la sincronía tendió a bajar con el tiempo, mientras que en las parejas de la misma generación tendió a subir.
Ese contraste no significa automáticamente que un tipo de vínculo funcione mejor que el otro. Más bien sugiere que las relaciones sociales pueden estabilizarse por caminos distintos. En un caso, una alta alineación inicial podría relajarse a medida que la interacción se vuelve más familiar; en el otro, la coordinación podría fortalecerse con la repetición. El propio estudio presenta estos resultados como parte de una dinámica compleja y cambiante, no como una escala simple de éxito o fracaso social.
Además, algunas conexiones entre regiones cerebrales se asociaron con dos aspectos que importan fuera del laboratorio: los niveles de soledad y la sensación de cercanía con la otra persona. Eso no convierte a la sincronía cerebral en un marcador listo para usar en programas sociales o en consultas médicas, pero sí aporta una pista de que los beneficios de ciertas actividades compartidas podrían reflejarse también en la forma en que dos personas logran coordinarse mientras interactúan.
El interés del hallazgo va más allá del dibujo. En muchos países crece la preocupación por la soledad como un problema de salud y bienestar, especialmente en personas mayores, y los programas que conectan generaciones se proponen como una posible respuesta. Hasta ahora, gran parte de la evidencia sobre esos programas venía de cambios observados en el comportamiento o en los relatos de los participantes. Este trabajo intenta sumar una capa distinta: mirar si las interacciones repetidas dejan una firma fisiológica medible.
Conviene leerlo con cautela. Se trata de una investigación exploratoria con 61 parejas en total, centrada en una actividad artística muy específica y en un seguimiento relativamente corto. Además, la comparación no fue entre dos grupos equivalentes en edad, sino entre parejas joven-mayor y parejas de jóvenes, de modo que no todo el contraste puede atribuirse sin más al hecho de ser o no intergeneracionales. Aún así, el estudio ofrece una idea sugerente: construir conexión social no siempre implica que dos cerebros se parezcan cada vez más, y entender esa diversidad puede ayudar a pensar mejor cómo se forman los vínculos que amortiguan la soledad.
Social interactions between people of same and different generations shape longitudinal changes in interpersonal neural synchrony, loneliness, and social connection · PLOS Biology
journals.plos.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Moffat, R., Dumas, G., & Cross, E. S. (2026). Social interactions between people of same and different generations shape longitudinal changes in interpersonal neural synchrony, loneliness, and social connection. PLOS Biology, 24(8), e3003899. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003899
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