Durante siglos, la llamada seda marina fue uno de los tejidos más raros y codiciados del Mediterráneo y de otras regiones costeras. Se obtenía a partir de filamentos producidos por grandes moluscos y era famosa por su brillo dorado, que la volvió símbolo de lujo en épocas antiguas. Un estudio publicado en Advanced Materials logró recrearla y, al hacerlo, resolvió una parte clave del misterio: ese color no proviene de pigmentos ni de tintes, sino de estructuras microscópicas dentro de la propia fibra.
La investigación se centró en Atrina pectinata, una especie de almeja marina cuyos filamentos pueden hilarse para producir esta tela histórica. El equipo surcoreano que firmó el trabajo cultivó los moluscos, recolectó las fibras y analizó con detalle cómo cambia su aspecto cuando se procesan. La pregunta de fondo era simple, pero importante para ciencia de materiales: por qué una fibra biológica puede verse dorada de manera tan intensa y duradera sin depender de compuestos colorantes que se degraden con facilidad.
La respuesta apareció en la arquitectura interna del material. Según los autores, el brillo surge de pequeñas estructuras proteicas ordenadas que interactúan con la luz y devuelven ciertas longitudes de onda, un mecanismo conocido como color estructural. Es la misma idea física que explica algunos colores intensos en plumas, alas de insectos o caparazones, donde el tono no depende tanto de la química del pigmento como de la forma en que la superficie y sus capas internas dispersan la luz.
Eso ayuda a entender por qué la seda marina podía mantener su apariencia durante tanto tiempo. Si el color está incorporado en la organización de la fibra, no hace falta agregar tintes para obtenerlo y tampoco se pierde de la misma manera que un recubrimiento superficial. El estudio sugiere así que la notable persistencia del tono dorado en piezas históricas tenía una base material mucho más sofisticada de lo que parecía.
La relevancia del hallazgo no se limita a reconstruir una curiosidad textil del pasado. Comprender cómo una fibra natural genera color estructural y al mismo tiempo conserva flexibilidad y resistencia puede inspirar materiales nuevos para recubrimientos, textiles funcionales o superficies que produzcan color sin pigmentos sintéticos. Ese enfoque interesa porque podría reducir el uso de colorantes y abrir diseños más estables y sostenibles.
De todos modos, conviene no exagerar el alcance inmediato. El trabajo muestra un principio físico y material convincente, pero no implica que la seda marina vaya a regresar como producto de uso amplio ni que ya exista una aplicación industrial lista. El material original depende de organismos marinos, de un procesamiento delicado y de condiciones que no son fáciles de escalar. Aún así, el estudio convierte una reliquia histórica en algo más que una rareza: la transforma en un modelo biológico útil para pensar cómo fabricar materiales que brillen por su estructura y no por lo que se les agrega encima.
A legendary golden fabric lost for 2,000 years has returned · ScienceDaily
Phys.org · Imagen acompañante de un artículo de Phys.org reutilizada como ilustración contextual de investigación en biomateriales; atribución preservada · Fuente de imagen
Choi, J., Im, J.-H., Kim, Y.-K., Shin, T. J., Flammang, P., Yi, G.-R., Pine, D. J., & Hwang, D. S. (2025). Structurally Colored Sustainable Sea Silk from Atrina pectinata. Advanced Materials, 37(30). https://doi.org/10.1002/adma.202502820
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