Las lenguas del mundo parecen muy distintas entre sí, pero no cambian de cualquier manera. Un estudio publicado en Nature Human Behaviour analizó más de 1.700 idiomas y encontró que una parte importante de los llamados universales del lenguaje, es decir, patrones gramaticales que reaparecen en lugares y familias lingüísticas diferentes, sí resiste una prueba estadística exigente. La conclusión no es que todas las lenguas sigan las mismas reglas, sino algo más matizado: la diversidad existe, pero dentro de ciertos límites recurrentes.
El trabajo puso a prueba 191 universales propuestos a lo largo de décadas de investigación lingüística. Para hacerlo, el equipo recurrió a Grambank, una gran base de datos comparativa sobre rasgos gramaticales, y a modelos bayesianos que intentan separar similitudes debidas al parentesco histórico o a la cercanía geográfica de las que podrían reflejar tendencias más generales. Ese punto es importante porque dos lenguas pueden parecerse no porque compartan una restricción universal, sino simplemente porque descienden de un ancestro común o estuvieron en contacto durante mucho tiempo.
Al aplicar ese filtro más estricto, los autores encontraron apoyo estadístico fuerte para alrededor de un tercio de los universales examinados. Muchos de ellos se relacionan con el orden de palabras y con la manera en que las lenguas organizan relaciones jerárquicas dentro de las oraciones. Dicho de otro modo, algunas soluciones gramaticales parecen reaparecer una y otra vez incluso cuando las lenguas no están estrechamente emparentadas.
Eso vuelve especialmente interesante al estudio: en vez de presentar la gramática como un catálogo infinito de posibilidades equivalentes, sugiere que hay presiones compartidas que empujan a las lenguas hacia ciertos arreglos preferidos. Esas presiones podrían tener que ver con la cognición humana, con la facilidad de procesamiento o con la necesidad de comunicar de forma eficiente. El trabajo no resuelve definitivamente cuál de esos factores pesa más, pero sí refuerza la idea de que la evolución del lenguaje no es puramente aleatoria.
También cambia la manera de estudiar este problema. Durante mucho tiempo, una estrategia habitual consistía en comparar muestras de lenguas lo más distantes posible para reducir sesgos. El nuevo enfoque intenta ir más allá: no solo compara, sino que modela explícitamente la historia compartida y la proximidad geográfica. Eso permite preguntar no solo qué patrones existen, sino por qué vuelven a aparecer y por qué algunos caminos de cambio parecen más frecuentes que otros.
Conviene no exagerar el resultado. Que muchos universales no hayan recibido apoyo fuerte en este análisis no significa que estén descartados para siempre; puede influir cómo se definió cada rasgo, cuántos datos había disponibles o qué tan bien una categoría gramatical captura la realidad de lenguas muy distintas. Además, encontrar una regularidad robusta no equivale a descubrir su causa exacta. Aún así, el estudio ofrece una base más sólida para una vieja pregunta sobre el lenguaje humano: cuánto de su diversidad es libre invención histórica y cuánto responde a restricciones profundas compartidas por nuestra especie.
Study of 1,700 languages reveals surprising hidden patterns · ScienceDaily
ScienceDaily · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Verkerk, A., Shcherbakova, O., Haynie, H. J., Skirgård, H., Rzymski, C., Atkinson, Q. D., Greenhill, S. J., & Gray, R. D. (2025). Enduring constraints on grammar revealed by Bayesian spatiophylogenetic analyses. Nature Human Behaviour, 10(1), 126-136. https://doi.org/10.1038/s41562-025-02325-z
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