Si las futuras misiones lunares quieren quedarse más tiempo sobre la superficie, una de las preguntas más prácticas no es solo dónde aterrizar, sino dónde conseguir agua. El hielo enterrado en la Luna interesa por razones científicas, pero también porque podría transformarse en recurso: serviría para beber, para producir oxígeno y, en principio, hasta para generar combustible. Un estudio difundido por Berkeley Lab y asociado a un trabajo en Science Advances propone ahora una vía nueva para encontrarlo a mayor profundidad: usar ondas sísmicas.
La idea parte de un problema concreto. En los últimos años crecieron las evidencias de que existen reservas de agua helada en regiones frías de la Luna, sobre todo cerca de los polos. Pero detectar con precisión dónde está concentrada, en qué cantidad y a qué profundidad sigue siendo difícil. Misiones como VIPER fueron pensadas para explorar ese terreno con herramientas directas, pero el sondeo físico tiene un alcance limitado y no puede cubrir por sí solo capas profundas del subsuelo.
El nuevo trabajo intentó responder si la presencia de hielo modifica de manera reconocible el comportamiento de las rocas lunares cuando las atraviesan vibraciones sísmicas. Para eso, los investigadores combinaron un modelo computacional con experimentos en una cámara criogénica y de vacío diseñada para imitar condiciones lunares. En ese sistema, llamado FROST, observaron cómo materiales semejantes al regolito cambian y se deforman a escala microscópica según la cantidad de hielo atrapado en su interior.
El resultado central es que las mezclas heladas y las secas no responden igual. Esas diferencias, trasladadas a modelos geofísicos más amplios, producen firmas sísmicas distinguibles. En otras palabras, un futuro instrumento capaz de registrar cómo viajan ciertas ondas por el subsuelo podría inferir si atraviesa material seco o depósitos con hielo, incluso a profundidades mucho mayores que las alcanzables con perforaciones relativamente cortas.
Esa posibilidad importa porque cambia la estrategia de búsqueda. En vez de depender solo de mapas térmicos, observaciones orbitales o perforaciones puntuales, la sismología podría ofrecer una forma de prospectar regiones extensas y de identificar capas enterradas a cientos de metros de profundidad. Según la nota fuente, el modelo trabajado por el equipo llega por ahora a describir movimientos hasta unos 800 metros bajo la superficie, un rango que excede claramente las capacidades de exploración directa disponibles hoy.
La relevancia no se limita a “encontrar hielo” como un dato curioso. Para programas como Artemis, localizar reservas más accesibles o más abundantes podría influir en decisiones sobre logística, ubicación de equipos y viabilidad de una presencia humana más sostenida. También ayudaría a entender mejor cómo se conservó el agua en la Luna durante tiempos geológicos, una pista importante para reconstruir la historia térmica y química de su superficie.
Al mismo tiempo, conviene no exagerar lo que el estudio ya resolvió. Los resultados provienen de simulaciones de laboratorio y de modelos, no de una validación directa en terreno lunar. El regolito real puede ser más heterogéneo, y cualquier experimento sísmico futuro tendrá que lidiar con condiciones operativas difíciles, ruido instrumental y una geología local compleja. En ese sentido, el trabajo no entrega un mapa listo para perforar, sino una prueba de principio sobre cómo distinguir distintos escenarios subterráneos.
Lo valioso es que amplía el repertorio de herramientas para explorar recursos lunares. Si el hielo enterrado deja huellas mecánicas detectables, la Luna podría leerse no solo con cámaras y perforadoras, sino también escuchando cómo responden sus rocas. Para una exploración espacial que aspira a dejar de ser apenas de visita y empezar a instalarse, esa diferencia puede volverse decisiva.
Ice Ice Maybe: New Ways to Search for Frozen Water on the Moon · Berkeley Lab
Berkeley Lab News Center · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Lisabeth, H. P., Schmerr, N., & Siegler, M. (2026). The seismic signature of lunar ice. Science Advances, 12(31), eadz7220. https://doi.org/10.1126/sciadv.adz7220
Relacionadas por categoría
Ver masUn pequeño telescopio de rayos X podría trazar el primer mapa químico completo de la Luna
Simulaciones publicadas el 27 de marzo de 2026 sugieren que un instrumento liviano en órbita lunar podría identificar elementos clave en toda la superficie y reconstruir mejor la historia de la Luna.
Betelgeuse muestra la evidencia más fuerte hasta ahora de una estrella compañera
Observaciones del VLT permitieron obtener la imagen más clara hasta ahora de la posible compañera de Betelgeuse, una pista que podría ayudar a explicar por qué esta estrella cambia tanto de brillo.
Un posible compañero gigante podría ayudar a explicar el misterio de la estrella de Tabby
Un estudio combinó datos de TESS y velocidades radiales para proponer que la estrella de Tabby podría tener un compañero gigante cuya gravedad perturbaría cuerpos menores y explicaría sus extrañas caídas de brillo.
Más de la misma fuente
Ver masConvertir CO2 en grafito podría abrir otra ruta para materiales de baterías
Un estudio siguió en tiempo real cómo el CO2 se transforma en carbono sólido dentro de sales fundidas, un paso que podría ayudar a fabricar grafito sin depender solo de la minería.
Materiales comunes lograron multiplicar la fusión a energías muy bajas
Un estudio mostró que láminas metálicas cargadas con deuterio pueden sostener tasas de fusión mucho mayores de lo esperado a energías muy bajas, una pista que podría servir para diseñar mejores fuentes de neutrones.
La carbonatación también explica por qué el concreto romano dura milenios
Un estudio sobre concreto de la Villa Adriana sugiere que su resistencia no depende solo de la ceniza volcánica: una red de carbonatos fue sellando grietas y poros durante siglos.
Más del mismo autor
Ver masUn mecanismo ayuda a explicar cómo las plantas “saben” cuándo dejar de absorber nitrógeno
Un estudio en Arabidopsis identificó una proteína que actúa como señal de saciedad de nitrógeno y podría orientar cultivos que aprovechen mejor el fertilizante y desperdicien menos.
El cambio climático podría recortar gran parte del agua que baja desde las cabeceras del oeste de Estados Unidos
Un estudio con 75 años de datos de 115 cuencas de montaña proyecta que el flujo base que sostiene ríos y arroyos del oeste de Estados Unidos podría caer entre 45% y 65% hacia fines de siglo.
Luces ámbar más cálidas podrían hacer la noche menos peligrosa para los insectos
Un estudio en estaciones rurales de Alemania halló que los LEDs ámbar de 1800 K atraen muchos menos insectos que las luces blancas frías y que las lámparas de sodio.