Hay olores que parecen abrir una puerta directa a la infancia. Un estudio publicado en PLOS Biology propone ahora una explicación biológica concreta para parte de ese efecto: en ratones, ciertos recuerdos olfativos formados muy temprano en la vida dependen de neuronas nacidas cerca del nacimiento y pueden seguir influyendo mucho tiempo después, aunque los circuitos que sostienen ese recuerdo cambien con la edad.
La pregunta no es trivial. Desde hace años se sabe que los olores suelen disparar recuerdos autobiográficos especialmente tempranos y cargados de emoción. Para acercarse a ese fenómeno, el equipo combinó primero una encuesta en humanos sobre recuerdos asociados al olfato y luego diseñó un modelo experimental en ratones. La idea era reproducir una situación simple: exponer a los animales, durante una etapa equivalente a la infancia, a un olor agradable dentro de un contexto positivo y repetido de juego.
Después siguieron qué pasaba cuando esos animales crecían. En la adultez temprana, los ratones mostraban preferencia por el olor conocido, como si esa experiencia temprana hubiera dejado una marca estable. Pero el trabajo no se quedó en la conducta. Los investigadores marcaron neuronas generadas alrededor del nacimiento, estudiaron cómo se integraban en el bulbo olfatorio y luego silenciaron de forma selectiva una parte de esas células para probar si eran necesarias en la evocación del recuerdo.
El resultado central fue que sí lo eran. Cuando se inhibieron esas neuronas, llamadas células granulares nacidas en el período neonatal, la preferencia por el olor desapareció. Eso sugiere que no se trataba solo de una familiaridad vaga con el estímulo, sino de una huella específica apoyada en una población neuronal concreta. Al mismo tiempo, el análisis de actividad cerebral indicó que en la adultez temprana el recuerdo se asociaba con conexiones funcionales más fuertes entre regiones del sistema olfativo y circuitos vinculados con recompensa.
El panorama cambió con la edad. En animales más viejos, la persistencia del recuerdo dependía de que el olor volviera a aparecer a lo largo del tiempo. Además, el estudio encontró que el soporte cerebral dejaba de centrarse tanto en esas neuronas nacidas al inicio de la vida y pasaba a involucrar más regiones límbicas, relacionadas con memoria y emoción. En otras palabras, el recuerdo podía mantenerse, pero el cerebro parecía reorganizar la manera de sostenerlo.
Ese punto importa porque muestra que un recuerdo temprano no tiene por qué quedarse “guardado” siempre en el mismo lugar o del mismo modo. Más bien, puede apoyarse primero en un tipo particular de neuronas y después redistribuirse en redes más amplias. Para la neurociencia, eso ayuda a entender cómo experiencias sensoriales muy precoces pueden conservar relevancia emocional durante años sin que el sistema permanezca estático.
También ofrece una pista sobre por qué el olfato ocupa un lugar especial en la memoria. A diferencia de otros sentidos, sus vías tienen conexiones particularmente directas con regiones cerebrales ligadas a emoción y recuerdo. El nuevo trabajo no demuestra que el mecanismo sea idéntico en personas, pero sí aporta un modelo plausible de cómo una experiencia olorosa repetida y positiva al comienzo de la vida puede dejar una señal duradera.
Conviene, de todos modos, no estirar la conclusión más de la cuenta. La parte experimental se hizo en ratones y en condiciones controladas, con un tipo específico de olor y una situación artificialmente diseñada. Además, que un animal muestre preferencia por un olor no equivale a la riqueza de un recuerdo autobiográfico humano. La encuesta inicial ayuda a tender un puente con nuestra experiencia, pero no reemplaza estudios directos sobre memoria olfativa en personas.
Aún con esos límites, el trabajo aporta algo valioso: sugiere que los recuerdos más tempranos ligados al olfato no son solo una curiosidad psicológica, sino que pueden estar anclados en células y circuitos concretos del cerebro en desarrollo. Entender cómo se forman y cambian esas huellas podría ayudar a explicar mejor por qué algunas experiencias sensoriales de la infancia conservan un peso desproporcionado mucho después de haber ocurrido.
Neurons generated shortly after birth encode the scent of early-life happiness · PLOS Biology
journals.plos.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Dejou, J., Athanassi, A., Brunel, T., Thevenet, M., Didier, A., & Mandairon, N. (2026). Positive early-life olfactory memory is rooted in the olfactory bulb and triggers large-scale changes beyond the olfactory system. PLOS Biology, 24(7), e3003845. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003845
Relacionadas por categoría
Ver masLa retina en desarrollo sincroniza actividad eléctrica, eliminación celular y crecimiento de vasos
Un estudio en ratones describe cómo las primeras ondas de actividad de la retina se coordinan con la eliminación de células y el avance de los vasos sanguíneos.
La organización de la visión también enlaza redes cerebrales que parecían separadas
Un estudio con resonancia de alta resolución halló que redes ligadas a la atención y al pensamiento interno se coordinan según la zona del campo visual que representan.
Cómo el cerebro mantiene separadas las opciones al decidir
Un experimento con dos macacos muestra que grupos flexibles de neuronas reorganizan su actividad para distinguir las opciones antes y después de una elección.
Más de la misma fuente
Ver masCómo los guppies conservan grandes cambios en su ADN durante millones de años
Un estudio en guppies de Trinidad muestra que grandes reordenamientos del ADN persisten por millones de años y pueden estar influidos por el ambiente y la elección de pareja.
Cómo algunas orugas neutralizan las defensas químicas de las plantas
Un experimento con dos especies de orugas muestra cómo una de ellas transforma en dos pasos compuestos defensivos de las plantas y amplía así su dieta potencial.
Los anticuerpos pueden limitar una terapia con fagos contra bacterias resistentes
Un estudio en ratones muestra que ciertas defensas inmunitarias pueden impedir que los fagos alcancen bacterias y acelerar su eliminación del organismo.
Más del mismo autor
Ver masUn biorreactor sólido acerca mejor el metano a las bacterias
Unos andamios impresos en 3D mejoraron la conversión de metano en succinato en pruebas de laboratorio al evitar una barrera habitual de los reactores líquidos.
Así se degradan los escudos térmicos durante la reentrada
Imágenes de rayos X y análisis computacional muestran cómo cambia por dentro un material que se sacrifica para proteger naves durante la reentrada.
Un programa de reparación del intestino puede ayudar al cáncer colorrectal a diseminarse
Experimentos con organoides, ratones y datos de pacientes muestran cómo un programa normal de reparación puede facilitar la llegada de células tumorales al hígado.