La malaria aviar suele pasar desapercibida fuera de los círculos de la ornitología y la parasitología, pero puede afectar la supervivencia y la reproducción de aves silvestres. Un nuevo estudio sugiere ahora que en el Reino Unido hay más especies de mosquitos implicadas en ese ciclo de transmisión de lo que se pensaba: al menos nueve aparecen como posibles vectores del parásito.
La investigación se hizo en Lincolnshire, en el este de Inglaterra, durante dos veranos consecutivos entre abril y julio. La autora capturó 1.026 mosquitos de 12 especies, los identificó primero por rasgos morfológicos y luego confirmó esa clasificación con análisis genéticos. Después buscó rastros de parásitos no en todo el insecto, sino en las glándulas salivales, un lugar especialmente importante porque es desde allí que un mosquito puede inocular un microorganismo cuando vuelve a picar.
Esa decisión metodológica importa porque encontrar ADN de un parásito en el abdomen de un mosquito no alcanza para decir que el insecto pueda transmitirlo: podría ser solo el rastro de una comida reciente. En cambio, detectar ese material en las glándulas salivales acerca mucho más la evidencia a una transmisión posible. En este caso, 21 individuos de nueve especies dieron positivo para parásitos sanguíneos de aves, entre ellos linajes de Plasmodium, Haemoproteus y Leucocytozoon.
El trabajo también señala por primera vez a algunas especies británicas como candidatas a transportar linajes concretos de malaria aviar. Entre ellas aparecen Ochlerotatus detritus como posible vector de Plasmodium vaughani y Ochlerotatus annulipes junto con Anopheles messeae como posibles vectores de otro linaje de Plasmodium. Eso no convierte automáticamente a cada una en transmisora confirmada, pero sí reduce bastante la lista de sospechosos y ayuda a entender mejor por dónde circula la infección en la naturaleza.
La relevancia del hallazgo va más allá del inventario de mosquitos. Saber qué especies pueden participar en la transmisión permite seguir con más precisión los riesgos para poblaciones de aves, comparar regiones y estudiar cómo cambian esos ciclos con el clima, la humedad o la alteración de hábitats. También recuerda que la ecología de los mosquitos no se limita a los patógenos que afectan a humanos o ganado: en los ecosistemas silvestres hay otras enfermedades que también dependen de ellos.
El propio estudio marca, sin embargo, un límite importante. Habla de vectores potenciales, no de transmisión demostrada de punta a punta en condiciones experimentales. Para confirmar competencia vectorial harían falta ensayos que muestren que el parásito completa su desarrollo en cada mosquito y puede pasar luego a un nuevo huésped. Aún así, detectar su presencia en glándulas salivales es una pista fuerte y mucho más informativa que una simple detección en sangre ingerida.
El resultado deja una imagen menos simple de la malaria aviar en el Reino Unido. En vez de depender de uno o dos mosquitos bien identificados, el parásito podría estar aprovechando una red más amplia de especies. Para las aves silvestres, eso significa que entender la enfermedad no pasa solo por mirar al parásito o al huésped, sino también por seguir de cerca a los insectos que conectan a ambos.
Researcher finds several UK mosquito species are potential carriers of avian malaria · Phys.org
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Dunn, J. C. (2026). Multiple mosquito species are potential competent vectors of avian malaria in the UK. Parasitology, 1-9. https://doi.org/10.1017/S0031182026102303
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