No hace falta que una figura digital sea completamente falsa para resultar extraña. A veces ocurre lo contrario: cuanto más se parece a un ser vivo real, más desconcierta cuando todavía conserva algo artificial. Ese efecto, conocido como “valle inquietante”, fue descrito sobre todo en humanos. Ahora, un estudio sugiere que no sería exclusivamente nuestro. Los macacos también parecen notar esa zona incómoda entre lo convincente y lo casi convincente.
El trabajo, publicado en PLOS Biology, partió de un problema práctico de la investigación en percepción social. Para estudiar cómo los primates interpretan señales corporales, no siempre alcanza con mostrar videos de animales reales. Los científicos necesitan manipular movimientos, posturas o gestos de manera controlada. El desafío es que un avatar demasiado tosco deja de comportarse como un estímulo natural, pero uno casi realista puede generar una respuesta rara por motivos que no tienen que ver con la conducta que se quiere estudiar.
Para abordar ese problema, el equipo desarrolló un sistema llamado MacAction, que reconstruye el movimiento corporal de macacos a partir de grabaciones multicámara y seguimiento sin marcadores físicos. Con esos datos generó avatares tridimensionales animados con distintos grados de realismo. Después mostró a ocho macacos videos reales y versiones digitales de las mismas acciones, mientras registraba hacia dónde dirigían la mirada y cuánto tiempo observaban cada estímulo.
Cuando el avatar era suficientemente realista, los patrones de fijación visual se parecían mucho a los que provocaban los videos de animales verdaderos. Eso indica que el sistema logró producir movimientos creíbles para los observadores. Pero al variar de forma sistemática el nivel de realismo apareció otro resultado: ciertos avatares intermedios, bastante parecidos a un macaco real pero todavía no del todo naturales, generaban una respuesta visual distinta. Esa caída en la naturalidad percibida coincide con la idea del valle inquietante.
El hallazgo importa por dos razones. Una es metodológica: ofrece una herramienta más precisa para estudiar percepción social, atención y comunicación en primates sin depender únicamente de escenas filmadas. La otra es evolutiva. Si un mono reacciona de manera especial ante un cuerpo casi realista, eso sugiere que la sensibilidad a pequeñas desviaciones en la apariencia biológica podría tener raíces más antiguas dentro de la historia de los primates, y no ser solo un efecto cultural asociado a robots, animación digital o diseño humano.
Eso no significa que macacos y personas experimenten exactamente la misma sensación subjetiva. El estudio no puede decir qué “sienten” los animales, sino cómo cambia su conducta visual frente a distintos estímulos. Además, el experimento se hizo con un número pequeño de individuos y en un contexto de observación controlado, por lo que todavía falta saber cuánto se extiende este patrón a otras especies, otras acciones corporales o interacciones sociales más complejas. Aún así, el resultado aporta una pista fuerte: la frontera entre lo vivo y lo casi vivo podría estar siendo monitoreada por el cerebro de los primates desde mucho antes de que existieran los avatares digitales.
'Uncanny valley' effect observed in macaques through 3D animated monkey avatars · Phys.org
doi.org · Imagen acompañante del paper original; atribución preservada · Fuente de imagen
Martini, L. M., Bognár, A., Vogels, R., & Giese, M. A. (2026). Realistic monkey body animation reveals an uncanny valley in macaque body perception. PLOS Biology, 24(7), e3003880. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003880
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