La mayoría de los fósiles de serpientes antiguas aparecen aplastados, incompletos o demasiado fragmentados como para reconstruir bien cómo vivían. Por eso llamó tanto la atención un ejemplar hallado en Brasil que conservó su cráneo en tres dimensiones con un nivel de detalle poco común. El nuevo estudio, publicado en Nature, describe a esa especie como Tametara mirim y la presenta como la evidencia más sólida hasta ahora de que algunas serpientes tempranas ya llevaban una vida subterránea hace entre 85 y 75 millones de años.
El hallazgo importa porque una de las grandes preguntas sobre el origen de las serpientes es si sus primeras etapas evolutivas estuvieron más asociadas a excavar bajo tierra, a moverse en superficie o incluso a ambientes acuáticos. El registro fósil temprano del grupo es escaso y eso dejó durante décadas mucho espacio para interpretaciones contradictorias. Un fósil tan bien preservado permite ir más allá de conjeturas basadas solo en unos pocos huesos.
Para estudiarlo, el equipo usó microtomografías de alta resolución, una técnica que permite mirar el interior del cráneo sin destruirlo. Gracias a esas imágenes pudieron reconstruir detalles de nervios craneales, del oído interno y de la forma general del encéfalo. Esa información es valiosa porque ayuda a inferir no solo parentescos evolutivos, sino también aspectos del comportamiento y del ambiente en que vivía el animal.
La conclusión principal es que Tametara mirim tenía rasgos compatibles con una serpiente excavadora. La forma del cráneo y otras señales anatómicas apuntan a un modo de vida fosorial, es decir, adaptado a desplazarse y vivir bajo tierra. Según los autores, se trata de la evidencia más concreta hasta ahora de ese estilo de vida en serpientes tan antiguas. Al mismo tiempo, compararon este fósil con otra serpiente temprana, Dinilysia, y encontraron que no compartía ese mismo perfil ecológico, lo que sugiere que la diversidad de hábitos apareció muy temprano en la historia del grupo.
Eso cambia una idea bastante extendida: la de imaginar a las primeras serpientes como si todas hubieran pasado por una sola etapa ecológica parecida antes de diversificarse. El nuevo trabajo propone un escenario más complejo, en el que distintas ramas tempranas ya experimentaban modos de vida diferentes y también mostraban diferencias notables en la anatomía del cerebro y de los sentidos. En otras palabras, la evolución inicial de las serpientes habría sido menos lineal y más variada de lo que sugerían los pocos fósiles disponibles hasta ahora.
El contexto geográfico también suma interés. El animal vivió en el Cretácico tardío en lo que hoy es Brasil, compartiendo paisaje con aves primitivas y dinosaurios saurópodos. Ese dato no solo ubica al fósil en el tiempo, sino que ayuda a imaginar un ecosistema donde pequeños vertebrados excavadores convivían con fauna mucho más grande, aprovechando nichos ecológicos muy distintos.
Aún así, conviene no exagerar el alcance del hallazgo. Un fósil extraordinario puede iluminar una parte crucial de la historia evolutiva, pero sigue siendo una pieza aislada dentro de un registro muy incompleto. Los autores argumentan que Tametara no representa necesariamente la condición ancestral de todas las serpientes modernas, sino una de varias formas tempranas. Harán falta más descubrimientos comparables para saber cuán frecuente era este estilo de vida y cómo se repartía entre los linajes iniciales.
Con esa cautela, el estudio aporta algo poco habitual en paleontología: evidencia anatómica lo bastante rica como para discutir no solo quién estaba emparentado con quién, sino también cómo sentía y habitaba el mundo un animal desaparecido hace decenas de millones de años. En este caso, esa ventana al pasado sugiere que la historia temprana de las serpientes no fue la de un único modelo exitoso, sino la de varias maneras de vivir que aparecieron mucho antes de lo que se pensaba.
Science News · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Simões, T. R., Sobral, G., Macrì, S., Ebel, R., Fachini, T. S., Martinelli, A. G., Nava, W. R., Paixão, G. M. X., Chiappe, L. M., Di-Poï, N., & Hsiou, A. S. (2026). Exceptional brain and ecological diversity in the earliest snakes. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10809-9
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