Algunas flores parecen fabricadas en pares invertidos. En una, el estilo se inclina hacia la izquierda y los estambres hacia la derecha; en otra ocurre lo contrario. Ese diseño en espejo intrigó a botánicos durante más de un siglo, y ahora un estudio en lirios mariposa sudafricanos del género Wachendorfia propone una explicación genética concreta: un supergén coordina la orientación de los órganos reproductivos y ayuda a que el polen viaje con más eficiencia entre flores opuestas.
La pregunta no era solo estética. Esa asimetría izquierda-derecha mejora la polinización cruzada porque hace que el polen quede depositado en distintas partes del cuerpo de los insectos polinizadores. Cuando esos insectos visitan una flor con la orientación contraria, el polen tiene más probabilidades de llegar justo al lugar adecuado. El nuevo trabajo muestra que esa organización no depende de cambios aislados y azarosos en cada flor, sino de un sistema genético que mantiene el patrón de forma estable.
Los investigadores combinaron análisis genómicos, observaciones del desarrollo floral y experimentos sobre la posición de los órganos reproductivos. Con eso identificaron un supergén, es decir, un bloque de genes muy ligados entre sí que tiende a heredarse como una sola unidad funcional. En este caso, los autores proponen que dos regiones candidatas dentro de ese conjunto controlan por separado la orientación del órgano femenino y la del masculino, produciendo las dos versiones especulares de la flor.
El resultado también ayuda a entender cómo interactúan la genética y la física del crecimiento. Según el estudio, la inclinación final de los órganos no surge solo de un “programa interno” de izquierda o derecha, sino de la combinación entre esa información genética y la respuesta de la planta a la gravedad mientras la flor se desarrolla. Esa mezcla de señales permite que los órganos terminen orientados respecto de un eje externo y no simplemente según un patrón interno fijo.
Lo interesante es que el hallazgo conecta un detalle muy visible de la forma de una flor con una ventaja evolutiva bastante concreta. En vez de tratarse de una rareza decorativa, la disposición en espejo aparece como una solución para reducir la autopolinización y aumentar las chances de transferencia de polen entre individuos distintos. Eso ofrece una pista valiosa sobre cómo la selección natural puede sostener formas poco comunes cuando mejoran la reproducción.
El trabajo, de todos modos, no implica que el mismo mecanismo explique todas las flores asimétricas del mundo. El estudio se concentró en Wachendorfia, un grupo particular de plantas, y aunque el principio general puede inspirar comparaciones con otras especies, todavía no está claro cuántas de ellas usan soluciones genéticas equivalentes. Tampoco significa que ya esté resuelto todo el problema del origen evolutivo de estas formas. Lo que sí cambia es el nivel de precisión de la respuesta: ahora hay evidencia fuerte de qué conjunto de genes participa y de cómo ese control se traduce en una arquitectura floral que mejora la polinización cruzada.
Supergene solves evolutionary puzzle of mirror-image flowers · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Xue, H., Saltini, M., Illing, N., Shepherd, K., Page-Macdonald, O., Marketos, O., Robertson, C., Shankar, A., Süß, S., Kappel, C., Alseekh, S., Deinum, E. E., Ingle, R. A., & Lenhard, M. (2026). Supergene control of chiral development in mirror-image flowers. Science, 393(6810), eaeb1157. https://doi.org/10.1126/science.aeb1157
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