La disponibilidad mundial de sangre segura mejoró en la última década, pero esa mejora sigue repartida de forma muy desigual. Un nuevo balance difundido por la Organización Mundial de la Salud muestra que las donaciones voluntarias y no remuneradas ya representan más del 85% de las cerca de 120 millones de donaciones registradas en 2023, una señal importante porque ese tipo de donación suele considerarse la base más estable y segura para sostener los sistemas de transfusión.
El avance no es menor. Según la OMS, la recolección global de sangre creció casi 19% entre 2013 y 2023. Sin embargo, el dato más llamativo no está solo en cuánto aumentó, sino en dónde se concentra. Los países de ingresos altos reúnen 36% de todas las donaciones mundiales pese a representar apenas 15% de la población global. Del otro lado, varios países de ingresos bajos y medios siguen con dificultades para garantizar transfusiones cuando hacen falta.
Esa brecha tiene consecuencias muy concretas. La sangre y sus derivados son decisivos en partos con hemorragias graves, cirugías, traumatismos, quemaduras, anemias severas y enfermedades como la drepanocitosis, la talasemia o la hemofilia. Cuando el abastecimiento falla, el problema no es abstracto: significa que pacientes que podrían sobrevivir con una transfusión oportuna quedan expuestos a riesgos mucho mayores.
La nota de la OMS resume datos reportados por 132 países y los vincula con su evaluación más amplia sobre la seguridad y disponibilidad de sangre a escala mundial. Entre los indicadores más preocupantes aparece uno muy simple: 24 países informaron menos de cinco donaciones por cada mil habitantes, un nivel que refleja restricciones severas para cubrir la demanda. Además, la proporción de donaciones voluntarias sigue siendo muy desigual según el nivel de ingresos: ronda 98,4% en países de ingresos altos, pero cae a 63,4% en los de ingresos bajos.
El problema no se reduce a conseguir donantes. La OMS advierte que la seguridad de la sangre depende también de normas, controles de calidad, inspecciones y financiamiento sostenido. Casi un tercio de los países todavía no tiene legislación específica para asegurar la calidad de la sangre y sus productos. Solo 64% reporta sistemas regulares de inspección de servicios de sangre, 62% cuenta con mecanismos de licenciamiento y apenas 40% dice tener al menos algunos servicios de transfusión acreditados.
Eso ayuda a entender por qué el progreso global no alcanza para hablar de un acceso resuelto. Un país puede aumentar sus donaciones y aún así mantener un sistema frágil si faltan laboratorios confiables, cadena logística, presupuesto estable o vigilancia de la seguridad transfusional. La OMS incluso señala que más de uno de cada siete países no dispone ni de asignaciones presupuestales específicas ni de mecanismos de recuperación de costos para sostener estos servicios en el tiempo.
Desde el punto de vista de salud pública, la lección es clara: donar más importa, pero no basta por sí solo. Un sistema de sangre seguro requiere combinar participación social con infraestructura, regulación y seguimiento. Sin esa base, el lugar donde vive una persona sigue influyendo demasiado en sus probabilidades de recibir una transfusión segura cuando la necesita.
La tendencia global, entonces, ofrece una noticia alentadora y una advertencia al mismo tiempo. Hay más donación voluntaria y más países lograron ampliar su abastecimiento, pero la desigualdad entre sistemas nacionales sigue siendo lo bastante grande como para convertir a la sangre segura en un recurso abundante en algunos lugares y todavía incierto en otros.
Safe blood supply improves as voluntary donations exceed 85%, but many people still lack access · World Health Organization
www.who.int · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
World Health Organization. (2026, June 12). Global status report on blood safety and availability 2025. https://www.who.int/publications/i/item/9789240121546
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