Que el concreto romano haya sobrevivido casi dos mil años suele explicarse con una receta célebre: cal, agua y ceniza volcánica. Pero un nuevo estudio propone que esa mezcla inicial no cuenta toda la historia. Al analizar una letrina de la Villa Adriana, en Tivoli, un equipo de investigadores encontró que la propia interacción del material con el aire y la humedad durante siglos ayudó a volverlo más denso, más cohesivo y mejor sellado frente a grietas y poros.
La idea central es que la durabilidad no habría dependido solo de la llamada reacción puzolánica, el proceso químico entre la ceniza volcánica y la cal que ya se consideraba clave en el concreto romano. Según el trabajo, publicado en Science Advances, también fue importante la carbonatación: una reacción lenta entre compuestos de calcio del concreto y dióxido de carbono atmosférico. Con el tiempo, esa reacción fue generando carbonato de calcio en forma de calcita, un mineral que rellenó vacíos y fracturas finas dentro de la estructura.
Para llegar a esa conclusión, el equipo estudió el material a varias escalas con técnicas de espectroscopía y tomografía tridimensional. Eso les permitió reconstruir cómo estaba organizado el concreto siglos después de haber sido mezclado. Los autores describen una red mineral donde la calcita actúa como el principal material de relleno en poros y grietas, mientras que otros compuestos formados por la ceniza volcánica y la cal también contribuyen a mantener la integridad del conjunto. En otras palabras, el concreto no solo fue resistente desde el principio: siguió cambiando de una manera que favoreció su estabilidad.
Ese matiz importa porque cambia la imagen de un material “perfectamente formulado” desde el día uno. El estudio sugiere, más bien, que parte de la fortaleza del concreto romano surgió de una evolución lenta y acumulativa. A medida que se formaban nuevos cristales de calcita, la estructura podía transferir mejor las cargas y dejar menos caminos abiertos para que entraran agua u otros agentes de deterioro. Los investigadores incluso plantean que este crecimiento mineral podría haber ayudado a limitar el avance de pequeñas fisuras, algo parecido a una forma de auto sellado muy gradual.
La relevancia no es arqueológica solamente. El cemento moderno tiene un costo climático alto, en parte por la producción de clinker, y por eso interesa cualquier pista que ayude a fabricar materiales más durables con menos emisiones y menos necesidad de reemplazó. Entender cómo ciertos carbonatos reforzaron el concreto romano podría inspirar estrategias para diseñar cementos con menos clinker o con mejor capacidad de resistir tensiones mecánicas y ambientales a largo plazo.
Eso no significa que baste con copiar una receta antigua para resolver los problemas de la construcción actual. Los propios autores advierten que el concreto romano no puede compararse de forma directa con el hormigón moderno armado con acero, que enfrenta desafíos distintos, sobre todo por la corrosión del refuerzo metálico. Además, el estudio se centró en una muestra concreta de la Villa Adriana, no en todos los tipos de concreto romano. Aún así, el trabajo aporta una pieza importante para entender por qué algunas estructuras antiguas siguieron en pie tanto tiempo y cómo ese aprendizaje podría servir, con cautela, para pensar materiales más durables en el futuro.
Researchers shed new light on ancient concrete's extraordinary durability · Berkeley Lab
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Zhu, X., Chae, S. R., McElhany, S., Liang, C., Zheng, Q., Li, J., Fondi, V., Del Ferro, S., Modena Altieri, A., Lisabeth, H. P., Bhattacharjee, A., Fouke, B. W., Wenk, H.-R., & Monteiro, P. J. M. (2026). Mineralized carbonates contribute to the millennial durability of Roman concrete. Science Advances, 12(28), eaeb0754. https://doi.org/10.1126/sciadv.aeb0754
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