El camuflaje de los cefalópodos no se controla célula por célula

Un estudio en eLife sugiere que sepias y otros cefalópodos coordinan grupos parciales de cromatóforos vecinos, en vez de activar cada célula de pigmento como una unidad aislada.

Por Redacción Ciencias.UY 09 de julio de 2026 a las 05:15 3 min de lectura
Imagen: eLife Imagen acompañante del paper original; atribución preservada Fuente de imagen
Fotograma y diagrama del estudio que muestran porciones de cromatóforos vecinos agrupadas en unidades motoras compartidas

Cuando una sepia o un pequeño calamar cambia de aspecto, la imagen suele parecer la de miles de puntos de color que se prenden y apagan como si cada uno obedeciera una orden independiente. Un estudio publicado en eLife propone una idea más compleja y más interesante: el control del camuflaje no estaría organizado cromatóforo por cromatóforo, sino en pequeños territorios compartidos entre células vecinas.

Los cromatóforos son órganos pigmentarios de la piel que los cefalópodos expanden o contraen para formar manchas, líneas y patrones cambiantes. Se sabe desde hace décadas que ese sistema está bajo control nervioso y que puede actuar con enorme rapidez. Lo que seguía poco claro era cómo se reparte ese mando fino: si cada cromatóforo funciona como una unidad separada o si varias partes de distintos cromatóforos pueden coordinarse como un conjunto.

Para estudiar esa pregunta, el equipo trabajó con dos especies, Euprymna berryi y Sepia officinalis, y combinó video de muy alta resolución con una herramienta computacional llamada CHROMAS. En vez de mirar cada cromatóforo como un disco entero, lo dividieron en sectores radiales y siguieron cómo cambiaba el área de cada uno a lo largo del tiempo. Luego aplicaron técnicas estadísticas para inferir cuántas señales motoras distintas actuaban sobre esos sectores y qué zonas de la piel parecían compartirlas.

El análisis mostró que muchos cromatóforos no se comportan como píxeles simples. En promedio, cada uno parecía estar influido por unas cuatro componentes independientes, organizadas en dominios contiguos con forma de “pétalos”. A partir de miles de esas señales, los autores reconstruyeron unidades motoras que atravesaban varios cromatóforos a la vez. La mayoría involucraba menos de 14, aunque con geometrías variadas: algunas compactas y locales, otras más alargadas o fragmentadas.

Ese patrón llevó a los investigadores a proponer la noción de “cromatóforos virtuales”. La expresión no significa que existan nuevas células, sino que partes de cromatóforos vecinos pueden actuar juntas como si formaran una sola unidad funcional. Visto así, la piel de estos animales no sería un tablero hecho de luces aisladas, sino un mosaico superpuesto de pequeñas áreas coordinadas. Esa organización podría ayudar a producir texturas y bordes irregulares con mucha más flexibilidad que un sistema de control estrictamente célula por célula.

El trabajo también encontró otra pista útil sobre la mecánica del proceso: la expansión de los cromatóforos fue más rápida y más estereotipada que su relajación. Eso encaja con la idea de una contracción muscular activa seguida por un retroceso más pasivo, y ofrece una ventana adicional para entender no solo el control nervioso, sino también la biomecánica de estos cambios de apariencia.

La relevancia pública del hallazgo no está solo en el camuflaje llamativo de sepias y calamares. Estos animales son uno de los ejemplos más sofisticados de cómo un sistema nervioso coordina miles de elementos periféricos en tiempo real. Entender esa lógica ayuda a pensar mejor cómo la evolución resolvió un problema de control distribuido muy exigente: generar patrones complejos, adaptables y veloces sin necesidad de manejar cada unidad por separado. También puede aportar ideas para visión por computadora, robótica blanda y materiales inspirados en organismos vivos.

De todos modos, conviene no exagerar el alcance. El estudio no registró directamente la actividad de cada neurona, sino que la infirió a partir de deformaciones observadas en la piel. Además, algunas grabaciones se limitaron a regiones corporales pequeñas o a etapas concretas del desarrollo, de modo que todavía falta saber hasta qué punto esta arquitectura se repite en otras zonas del cuerpo, en otras edades o en otros cefalópodos. Aún con esas limitaciones, el trabajo cambia una intuición básica: detrás del camuflaje relámpago de estos animales podría haber una organización más parecida a capas superpuestas que a una simple grilla de puntos de color.

Imagen

eLife · Imagen acompañante del paper original; atribución preservada · Fuente de imagen

DOI del paper

10.7554/eLife.110074

Cita original

Renard, M. D. M., Ukrow, J., Elmaleh, M., Evans, D. A., Wu, Y., Liang, X., & Laurent, G. (2026). Disentangling cephalopod chromatophores motor units with computer vision. eLife, 15, RP110074. https://doi.org/10.7554/eLife.110074

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